Estudiante universitaria lanza SOS al Papa

Ana Marcela Sevilla Guerrero, muestra la carta que le envía al papa Francisco.

Ana Marcela Sevilla Guerrero, estudiante de Comunicación de la Universidad Centroamericana, UCA. Foto de Juan R. Huerta.

“No puedo quedarme callada”, escribe Ana Marcela Sevilla

 

Juan Ramón Huerta

 

En pleno abril, cuando las temperaturas oscilaron entre los 37 y 38 grados en Managua, Nicaragua, la estudiante de Comunicación de la Universidad Centroamericana, Ana Marcela Sevilla Guerrero escribió una dramática carta al papa Francisco en la que expresa la desesperación de los nicaragüenses antes los drásticos efectos del cambio climático y la indolencia gubernamental.

 

“Soy una joven de 17 años, y estoy consciente de que Nicaragua está sufriendo serios daños ambientales a causa de distintos factores; uno de ellos es el despale indiscriminado”, escribe Sevilla Guerrero al Sumo Pontífice, el primero de la Orden de los jesuitas en llegar a la silla de Pedro.

 

 

No puedo quedarme callada

La joven que cursa el primer año de Comunicación escribe: “… yo no puedo quedarme callada ante esta atrocidad, caiga a quien caiga, pese a quien pese.  Cada día que pasa me siento más motivada, mi inspiración incrementa porque quiero ser una gran comunicadora, informar lo que en realidad está sucediendo, nunca censurar la información…”

 

Nicaragua pierde cada año, un promedio de 80,000 hectáreas de bosques y desde 1950 han desaparecido 3.7 millones de hectáreas boscosas, según informes de la prensa local. En 1950, el país contaba con 8 millones de hectáreas de bosques naturales, pero en la actualidad solo cuenta con 4.3 millones de hectáreas.

 

El científico Jaime Íncer Barquero, presidente de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (Fundenic-SOS), citado por medios nacionales considera que “este país ha perdido su cobertura forestal por tres causas: la destrucción del bosque tropical seco en el Pacífico debido a la expansión de la agricultura, los incendios forestales y el despale indiscriminado en los bosques naturales”.

 

La joven Sevilla Guerrero recuerda la frase del Papa cuando dijo ante 70 alcaldes del mundo: “cuidar el medio ambiente significa tener actitud de ecología humana”.

 

Dolor y cifras

“Tengo el honor y confianza de dirigirme a usted para anunciarle acerca de la crisis ambiental que está perjudicando a mi país. No tiene idea del dolor que siento en mi corazón cuando veo el suelo erosionado y contaminado, a los animales muertos y los ríos, lagos, lagunas completamente secos. Imagínese usted, en este país se pierden 80,000 hectáreas de bosques cada año. Mi futuro y el futuro de mis hermanos nicaragüenses es incierto”.

 

Cifras oficiales publicadas por el diario La Prensa de Managua indican que solo la Reserva de Biosfera Bosawás ha perdido 970.81 kilómetros cuadrados de bosque en la zona núcleo, lo que equivale al 12%.

Bosawás mide 19,926 kilómetros cuadrados y representa el 15.25% de la superficie total de Nicaragua.

 

La joven universitaria expresa al Papa: “Si se le presentara la oportunidad de venir a Nicaragua- confío en Dios que eso ocurra- no verá  ningún árbol natural como el Pochote, Guayacán y Caoba. Créame que es una lástima.

Creo que mi  país ya no será llamado “Tierra de Lagos y Volcanes”, seguro se llamara “Tierra de Sequía y Volcanes”. Es una situación decepcionante, sobre todo el calor intenso, es desesperante. El hecho de salir a las calles resulta muy agotador”.

 

Contrastes desesperanzadores

Y agrega: “No se realizan campañas para reforestar el país, en cambio, en casi toda la capital se observan árboles hechos de metal y estos no solucionan el problema. Nicaragua está agonizando, Nicaragua pide árboles, pide nuestra ayuda”.

 

En contraste con el SOS enviado por la estudiante de Comunicación al Papa, en Nicaragua la esposa del presidente Daniel Ortega, Rosario Murillo, quien comparte el poder con su esposo, ha colocado más de un centenar de árboles de metal, llamados “arbolatas”, hecho que para la periodista Sofía Montenegro “son un simbolismo antiguo” que ha sido adoptado por muchas culturas, representando generalmente una conexión entre la muerte y la inmortalidad.

“Como todos los emblemas que ella (Rosario Murillo) usa, son como grandes amuletos de protección y por eso es que, si se fijan, están prácticamente (señalando) en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, en las entradas y en las principales avenidas, todas las que conducen hacia la zona más o menos del poder”, argumentó Montenegro.

La periodista señala que las estructuras, llamadas también “arbolatas”, son un símbolo de protección que está disfrazado como ornamento, “creo que responde a todas las pretensiones y miedos de Rosario Murillo”, afirmó.

 

 

¿Qué puedo hacer?

La estudiante Sevilla Guerrero escribe al líder de la iglesia Católica: “Dígame, ¿qué puedo hacer para que esta situación mejore?, varios de mis compañeros de clases opinan que plantar árboles es la mejor solución, hacer huelgas y marchas, pero, lastimosamente los resultados no serán satisfactorios y mucho menos que los altos funcionarios de mi país tomen en cuenta el llamado que hace la población enfurecida”.

 

Y se despide con la siguiente reflexión: “En la presente carta revelo mis sentimientos, puros y nostálgicos. Usted es la persona indicada para que conozca mis anhelos, también porque usted es una persona admirable, lleno de fe, que no se da por vencido y que transmite su aura de paz y esperanza. Una persona que extiende su amor y que brinda apoyo hacia las personas creyentes y no creyentes”.

 

 

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