La estela del 6 de noviembre en Nicaragua: el día que los invitados no llegaron

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Léster Alemán / Aitaenlared

Cinco motocicletas y 21 pesonas frente al Centro de Votación.

 

Lesther Alemán

La mañana era silenciosa, más de lo acostumbrado, los aires anunciadores de diciembre movían las copas de los árboles y las palmeras, mientras el polvo se levantaba en la angosta calle, que dirigía  al colegia Reyna Sofía que se convertía en un Centro de Votación.

Las alarmas para levantarse temprano solo sonaron en las casas de los trabajadores de las mesas electorales, la inercia de los cuerpos aprisionaba hasta los gallos que no cantaron en ese amanecer, ya que los seleccionados invitados no querían acudir a la fiesta que iniciaría a las 6 de la mañana.

La ley seca se cumplía a cabalidad por los comercios, esta daba paso al sepulcral escenario. A los lejos el viento arrastraba el sonido de la grabadora de Silvia Urrutia que con piel seca y quebrada, su cansado cuerpo reposaba en una hamaca en el patio de su casa, mientras escucha al locutor que le susurraba diciéndole que era 6 de noviembre y debía ir a votar.

La calle aún estaba desolada, cuando de repente un vehículo se estacionó frente al colegio, tras la nube de polvo un hombre de cuerpo flaco sin aparente energía se bajó.

Medio día de omisión

Parecía ser el primer elector que llegaba a las Juntas Receptoras de Votos, era Roberto Berrios el secretario político del barrio, su rostro pálido demostraba lo trasnochado que estaba sus ojeras rosaban la punta de su nariz, viendo a todos lados sin nadie a su alrededor, su corazón se aceleró más que la manecillas de su reloj que le marcaba los segundos. Parado frente al colegio que tiene el mismo aspecto de “El Fortín de Acosasco”, se dispuso a tocar el estrecho y sarroso portón azul.

Con el estruendoso ruido, las diecinueve Juntas Receptoras de Votos se abrieron para recibir a los invitados que estaban retrasados. Las filas de los años ochenta en los puestos de Enabas terminaron, al igual que las líneas que a tempranas horas a las afuera del colegio se hacían en el 2006, 3 personas caminaban con el sol en sus cabezas mientras se reían, sus rostros cambiaron extrañados como si todo había finalizado y viéndose simultáneamente entraron al lugar.

El ánimo no llegó

El más joven limpiaba sus ojos en tanto su cuerpo se mostraba entusiasmado por lo que parecía ser la primera vez que marcaría una boleta electoral, su madre hablaba con la otra persona más anciana que, con sus lentes empañado reparaba lo vacío que estaba el colegio. En la pared principal donde estaban ubicado el padrón, buscaban sus nombres encontrados los números de juntas con tranquilidad se dirigían a ellas.  Más alegre que cuando triunfó la revolución sandinista en Nicaragua estaban los rostros de los trabajadores electorales al ver que llegaban los primeros invitados.

Los electores cargaban una cara molesta de muy poca comunicación, lo que parecía ser por el olor a la tinta indeleble que manchaba su dedo, pero tenían ese mismo semblante antes de entrar a las instalaciones. En el portón principal los transeúntes llegaban, las campanas de los vendedores de sorbete y el grito de ofrecimiento de “tajadas con queso” daban paso al comercio.

Molestos

Sin hacer filas las personas participaban de la fiesta, era más dilatado levantarse de sus camas que ejerce su derecho al voto. Con dificultad para caminar aprovechando la mañana, Blanca Martínez con su canoso cabello de encorvado cuerpo, por debajo de sus hombros veía a los alterados pobladores que se buscaban en el “padrón activo” purificado por miembros del FSLN al inicio este año.

Un policía electoral tomó su mano y la dirigió a la junta que le correspondía. Fruncidas sus cejas, su boca y dedo índice contestaron con un no, ella con energía pero cargada de aburrimiento caminó al aula.

Entre los molestos habitantes que tiene más de quince años de vivir en el barrio y no se encontraban en el padrón, estaba Andrés Delgado con su camisa tropical desabotonada, aunque conocía a sus vecinos no hablaba con nadie, él nunca se encontró y al parecer fue su mayor alegría, su rostro cambió y sonriente salió del lugar. Mientras se iba una persona lo detuvo y la pregunta que le hizo le causó gracia, en carcajadas contestaba que su jefe no podría reclamarle por tener su dedo limpio.

El padrón de oro

Los vendedores ambulantes establecidos estaban a la entrada del Centro de Votación, como los mercaderes en el templo de Jerusalén.  Al otro lado de la calle,  bajo la sombra de un árbol los miembros de los comités de barrio aferraban en su mano, como libreta de periodista el “padrón activo”, sus rostros hablaban, el nervio los abrasaba eran las tres de la tarde y sus invitados aun no llegan, se dispusieron en busca de ellos.

Esta vez ya no eran los Jeep BECAT de la Guardia Nacional, sino camionetas “Toyota Hilux” que traían en sus tinas a grupos de personas resguardadas por la Juventud Sandinista, al bajarse los electores eran custodiados y llevados a sus Juntas Recetoras de Votos, ni aun con el transporte gratis las personas dejaban entrever su agradecimiento.

El sol era tragado por la tierra, los zanates alborotados buscaban sus nidos y avisaban que el día estaba por terminar. Los habitantes de Villa Feliz tranquilamente llegaban, un padre con su hijo frente al padrón se buscaba, el joven como de doce años la vista le ayudó pero su rostro se paralizó, después de un silencio replicó “papa cuándo vos te muras vas a votar”, su tutor perplejo se inclinó y vio que a su lado estaba el nombre de su madre yacía muerta hace 25 años.

 

 

jrv-27-personas-cinco-motos1Léster Alemán / Aitaenlared

Camionetas listas para ir a acarrear votantes del FSLN.

 

1 Comment on "La estela del 6 de noviembre en Nicaragua: el día que los invitados no llegaron"

  1. Me encanto, Excelente trabajo.

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