Memoria de Managua sucumbe ante el abandono

Infografía de Carlos Suazo

Infografía de Carlos Suazo

Monumentos olvidados y personajes enterrados dos veces

El monumento no presenta alusión a los periodistas asesinados.                                                                                                    Carlos Javier Suazo/ Aitá en la red

Llamarle a Managua la capital de la historia nicaragüense, es posible, porque cualquiera que ha pasado por aquí, pudo notar más de algún hecho histórico representado en un monumento. Un Sandino en Tiscapa: el Montoya que señala, por ejemplo. No obstante, en la capital existen más de 104 monumentos, entre públicos, populares e históricos que flotan a la vista, pero nadie ve. Poco conocidos, y por el abandono, vandalismo y falta de interés, se van olvidando como el sueño, al despertar en la oscuridad

Carlos Javier Suazo

Con solo  imaginar su nombre en la historia a través de un monumento, la imagen más cercana que aparece es la de una estatua. Seguro no muchos la conocerían porque hay otras obras que la Alcaldía priorizará. Con el tiempo, claramente, su nombre sería rayado, o destruido o cualquier otra cosa muy al gusto del desinterés de los nicaragüenses.

Su monumento empezaría a formar parte del contexto del patrimonio monumental de la capital, con un número indefinido, pero mayor a 104 obras, cuya historia, al igual que la suya, se caería a pedazos o empezaría distorsionarse. Del mismo modo, la historia puede perderse, si no se conserva.

Asesinato prematuro

A la entrada del barrio El Riguero, no es necesario caminar tanto para llegar a un pequeño parque en donde hay un monumento. Hay pocas personas, solo un grupo de hombres en la esquina. Algunos arrastran palabras al hablar y otros tienen los ojos rojos. Uno de ellos se levanta y se presenta como el vigilante del sitio, se llama Jefferson Antonio y explica: “(el monumento) es de los gringos, cuando mataron a Bill Stewart”.

En este barrio, hay un monumento en honor a dos periodistas que fueron asesinados por la Guardia Nacional en 1979. Es una estructura circular, con una especie de columna adherida, y dentro contiene una loza. La obra no tiene la placa con sus nombres: Bill Stewart y Francisco Espinoza, sino que son los pobladores el recordatorio del evento. La placa son sus voces.

Auxiliadora Ruíz, habitante del barrio, quien presenció el asesinato desde la ventana de su casa, comenta que: “Lo torturaron hincado, entonces él decía: no me maten, por favor, no me maten”. Ella compartió la historia que vivió a los casi 10 años, para luego comentar que: “Es el único parque que no ha condicionado el gobierno. Ahí lo ocupan de piscina, motel, de todo. Huele pega. Que sea una parte de drogos.”

Del mismo modo, con un sondeo a 50 personas del barrio, se notó que el 100% de estos conocía el monumento y el parque, el 73% conoce la historia del lugar, y más de la mitad de las personas (58%) comentó que el sitio tiene problemas con personas que llegan a consumir alcohol, drogas y que esto provoca que las personas se alejen del lugar.

Un habitante comentó: “Con referente a la historia y lo que esas personas hicieron es una porquería.”

El motivo del recuerdo

Para el máster en Sociología, Juan Carlos Gutiérrez, los monumentos “están para recordar y vincular con un evento histórico, con un hecho, con una situación, con valores. Además de que se convierten; no solo en el sentido histórico, sino en una referencia del paisaje, y de la cultura urbana.”

El valor que contiene un monumento recae en la historia que guarda, pues como menciona Gutiérrez: “No es posible… No hay sociedad que no se funde a partir de la historia”. Sin embargo, con el tiempo empieza a pesar más la referencia urbana, que histórica; o peor, se olvidan y el tiempo los destruye.

Uno de ellos es el “Monumento a la Mujer”, ubicado en calle Dupla Norte, frente al Palacio Nacional. Su origen  no es muy conocido. Según documentos del Centro de Documentación Municipal (CEDOM), data de 1998 y en primera instancia el monumento era dirigido a la figura de la familia, pero por falta de presupuesto, terminó por dejarse solo una escultura de una mujer con un niño en brazos.

“Como casi toda la construcción de nuestra iconografía de heroicidad un vínculo a elementos bélicos y exaltación de valores no más o menos patriarcales (…)”, comenta Gutiérrez, acerca del simbolismo de la historia monumental del país.

Es uno de los monumentos más notados, pues se encuentra junto al parque Luis Alfonso Velásquez, pero su historia desaparece a cada paso del tiempo, en especial, porque no existe una placa con el título de la obra.

Anochece frente a uno

En la Rotonda El Periodista, Wilmer Dávila se mantiene atento a los autos y a las personas, mientras el sol se va y él se queda solo. Es vigilante de la empresa de seguridad El Goliat, contratada por la Alcaldía de Managua (ALMA) para proteger el sitio.

Es bastante delgado, el protocolo lo mantiene rígido al hablar y su mirada es tan seria como la compostura que mantiene expectante durante 24 horas. “Lo más duro es estar pendiente en la noche… El cuerpo no es de hierro, es de carne y hueso.”

Dávila comparte que en este trabajo se enfrenta a ladrones que buscan el arma del vigilante, y que ha habido situaciones en que son “dormidos”, para luego, ya no volver a verla más. Además, otra razón, es sustraer el material de los monumentos y venderlos como chatarra.

El salario de Dávila es de 3,200 córdobas. Si esta cantidad se multiplica por los 104 monumentos mencionados, se podría decir que la alcaldía gasta 332,800 córdobas en vigilancia. Sin embargo, esto es muy variante debido a que los contratos son diferentes por empleado, y porque solo en el Parque Central hay 5 vigilantes.

Historia metropolitana

“Nosotros tenemos una lista aproximadamente 37 monumentos, a nivel de Managua, de los que tienen mayor importancia. O sea hay otros monumentos, que tal vez puedan estar en lista, pero ya están totalmente deteriorados o fueron víctimas de vandalismo”, explica la arquitecta Miriam Castillo, Jefa del Departamento de Patrimonio Histórico de ALMA.

El trabajo de crear un inventario del patrimonio monumental requiere tiempo, de modo, que la alcaldía ha priorizado aquellos que poseen un mayor valor que los otros. “En sí de la persona quién se trata la elaboración y también del artista”, explica Castillo, las razones de la lista reducida.

Sin embargo, existen muchos monumentos desconocidos, incluso Castillo compartió que las proyecciones de construcción de estos, son de tres a cuatro anuales. “Por ejemplo: el año antepasado se hicieron dos más que no lo vas a encontrar en la lista, porque no se ha actualizado.”

Del otro lado del mundo

Un monumento insospechado estuvo en donde es el Parque de la Paz. Allí se encontraba el “Monumento de la Piedra de Hiroshima en Plegaria por la Paz”, una columna de granito en alto relieve que tenía un trozo de roca en la superficie. Es un monumento que data de 1998.

Aunque no existe mucha documentación sobre su origen, se descubrió que durante los años 90, surgió una organización no gubernamental llamada “Asociación de Piedras por la Paz de Hiroshima”, la cual estableció contacto con diferentes países, para donarles un trozo del pavimento, por el cual cruzaba los tranvías de la ciudad. La primera fue entregada el 6 de agosto de 1994 a la República de Perú, fecha conmemorativa del estallido de la bomba.

Actualmente, el Parque de la Paz está siendo remodelado para adjuntarle un lago artificial y juegos infantiles.

¿Y los millones?

En el Anteproyecto del Plan de Inversión Anual 2017, a la Dirección de Patrimonio Histórico le corresponde 10,800,000 córdobas (0.58%) del monto total. Además, en la distribución de este por distrito, solo en el Distrito I se especificaba mantenimiento a obras monumentales: los tres mausoleos del Parque Central, en los cuales, se pretende gastar 800,000 córdobas para mantener encendidas las antorchas. Luego en los demás distritos, no se hacía mención de otros monumentos.

Para la restauración del Museo Huellas de Acahualinca, le corresponde 1,205,000 córdobas, el 11% de los presupuesto de Patrimonio Histórico.

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La ubicación del conjunto de monumentos del Parque de la Paz, a excepción del destruido Faro, se desconoce.                                                                                                                                                                                                           Recuperado del CEDOM. Carlos Javier Suazo/Aitá en la red

El rostro desfigurado

A pesar del tiempo, el vandalismo y la falta de interés, las personas siguen considerando que la historia es indispensable para el desarrollo de una sociedad. Que los monumentos son un medio para compartir con las nuevas generaciones el acto heroico que mujeres y hombres efectuaron sin saber que perderían la vida, sin imaginarse que afectarían en la mente de las personas y mucho menos de que serían recordados. Seguro esas personas estarán felices, al menos son recordados en placas rayadas, murales viejos y rostros desfigurados. Al menos, no todos,  se escapan de sufrir el olvido.

 

La niña consentida

En junio de 2015, fuertes lluvias provocaron que un muro del Museo Huellas de Acahualinca colapsara, desde entonces, la Dirección de Patrimonio Histórico de ALMA ha dirigido su atención a este y retrasado otros proyectos con los monumentos de la capital.

Según proyecciones brindadas por la arquitecta Miriam Castillo, jefa del Departamento de Patrimonio Histórico, se construye de 3 a 4 monumentos anuales.

 

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Pudo ser ilegal

En el año 2012, un grupo de diputados realizó una propuesta de ley que declaraba Patrimonio Histórico Nacional el Parque de la Paz. Este no se concretó, pero si hubiera sucedido, el Decreto.1142, Ley de Protección del Patrimonio Cultural de la Nación, en su artículo 31: “No podrán destruirse o alterarse parcial o totalmente los bienes que forman parte del Patrimonio Cultural de la Nación”,  hubiera provocado que las recientes construcciones del parque fueran ilegales.

 

 

Daniel Jarquín es habitante del barrio El Riguero desde hace 60 años.                                                                                                       Carlos Javier Suazo

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